domingo 3 de octubre de 2010

Filosofía y Dios

Relativismo y Dios Hoy a las 17:09

Como decía en el texto anterior, el relativismo proclama algo que lo contradice fulminantemente. El relativismo se suicida al proclamar una verdad: que no hay verdad. Y es que, para no decir ninguna verdad, deberías permanecer callado porque al hablar siempre afirmas algo y niegas lo demás.

Como dice el principio primero de la metafísica y de todo cuanto es: “lo que es, no puede no ser a la vez y al mismo tiempo y al contrario”. Lo que parece una evidencia teórica es duramente rechazado por los sofistas ya en los albores de la filosofía, aunque no podemos negar a estos la aportación social y, sin lugar a dudas también –y muchos de mis seguidores se echarán las manos a la cabeza al leer esto- su aportación escéptica.

Antes de explicar esto, me gustaría hacer un repaso, como siempre, de la historia de la filosofía relativista, porque no solo ellos rechazaron la idea de que exista una verdad universal ya que después de los sofistas -los primeros que pusieron en jaque la cultura griega provocando una gran crisis de fe en la democracia y en las leyes griegas, causa de tanto dolor en la Grecia Antigua, pues no dieron ninguna solución al problema hasta Platón, que se dedicó, a provocarles a los ciudadanos la confianza en el “gnomos” con su teoría de la ciudad ideal, finalidad de su sistema filosófico…-existieron otros muchos que pusieron en práctica la duda.

Como decía, después de los sofistas, no considero, de importancia –ya que pronto se recobró la incesante búsqueda de la verdad durante el resto de la filosofía antigua, medieval etc.- ninguna tesis escéptica, pues el pensamiento sofista no consiguió repercusión en los tiempos venideros.

No hasta la Modernidad cuando se destacaron los autores más importantes en este tema.

Con René Descartes, ocurre un cambio de mentalidad en la concepción del universo. Con su “cogito ergo sum” se invita a la mayor subjetividad jamás antes vista.

Emmanuel Kant también está dentro del círculo más escéptico. Pero más interesante es el “criptoateísmo” como muchos han llamado a su filosofía latente. El inicia las corrientes ateas de los siglos XVIII-XIX al afirmar que aunque el hombre tiene ansias de conocer las verdades metafísicas más radicales, es imposible alcanzarlas. Arde pues en él un agnosticismo filosófico que quema hasta la más dura piedra. Y como todos sabemos, de decir que se pueda conocer tal verdad, se pasa, y se pasó a dudar de que exista tal verdad.

A partir de ahí los filósofos traicionan su esencia filosófica. Empiezan a olvidarse de la búsqueda de la verdad y empiezan a surgir ideologías que indudablemente están acordes con la realidad de su tiempo, pero no con la realidad universal. -El goce mediático empieza a surgir ya-.

No nos vamos a detener aquí. No es el momento de analizar ninguna ideología confundida con filosofía. Vamos ahora a volver al principio del texto, cuando insinuaba que era bueno dudar de todo.

Claro que sí, que exista una realidad latente en toda la historia, no es incompatible con dudar de todo, incluso de lo que es verdad. La duda metódica es lícita incluso moralmente. De hecho, nadie puede discutir -incluso el más santo de los santos no puede- afirmar que nunca haya dudado de la existencia de Dios, por ejemplo.

¿Pero entonces qué es lo que pasa? He hablado muy teóricamente, y no he ofrecido ninguna solución a la contradicción existente entre la afirmación: “la verdad es una y existe” y la premisa “las opiniones son muchas y diferentes y a veces -o muy a veces- contrarias”.

Un hecho es que la verdad esté ahí y otra cosa es que nuestra visión de la misma cambie conforme nuestra investigación filosófica, ya que, aunque en momentos pesimistas no lo parezca, la filosofía también ha avanzado bastante desde su nacimiento.

La verdad no la hemos encontrado, y no la vamos a encontrar. Parece que al decir esto me acerque a algún pensador como Kant, que afirmaba, como ya he dicho que existe tal verdad, pero no podemos alcanzarla.

Pero es que está claro, que no podemos alcanzarla, somos seres imperfectos, y así pues no podemos lograr algo perfecto, absoluto como es la verdad.

Así pues, no me voy a demorar más en decir la conclusión de todo esto, que muchos ya habrán sospechado, aunque se escape del campo de la filosofía. Ya que cuando otros campos descubren una verdad, el resto del saber se alegra y lo asume.

“Aspiramos a la verdad, y no descansaremos hasta encontrarla”. Esta afirmación es sospechosísimamente similar a la oración: “Venimos de ti, y nos descansaremos hasta estar en ti”. Venimos de la Verdad y no pararemos hasta regresar a ella.

Será con la muerte, cuando se levante el velo que difumina la realidad interior del universo, cuando se nos abra un mundo divino y logremos alcanzar la meta.

Sí, no podemos negar que aspiremos a la verdad, pero no podemos afirmar que podamos alcanzarla de momento. Así pues debe existir otro momento en que la encontremos. Ese momento está tras la muerte, y sin querer todo esto ha servido para demostrar la existencia de Dios.

Para terminar repetiré las palabras de Benedicto XVI: “la cultura actual "se resiente fuertemente" de una visión "dominada por el relativismo y el subjetivismo" y de "métodos superficiales y banales", que perjudican el diálogo, el encuentro y la comunicación interpersonal”. EFE/Osservatore Romano.