Las Cinco Vías (Cont)
Continuando con las Cinco Vías de santo Tomás de Aquino: el más santo de los sabios y el más sabio de los santos, sigo por la abogacía de las mismas. Muchos filósofos ateos han criticado como ya decía en la 1ª parte de este artículo, el salto al infinito que dan y que esto no prueba que ese infinito sea Dios. Pero no solo eso, además dicen que las pruebas mismas se contradicen cada una consigo misma o que muchas argumentan algo que no tiene por qué ser así lo que las pruebas defienden pues no tiene por qué existir al igual que señalan que se utiliza de forma falaz argumentos de cadena que no tienen relación eslabón con eslabón. Vamos a ir viendo una a una cada prueba:
La primera, dice que buscando el origen del movimiento, se llega al Primer Motor Inmóvil. Usualmente se le ha criticado que ningún motor puede ser inmóvil; y es que en la vida real es así: si nosotros queremos hacer algo, necesitamos movernos, por lo cual el origen del movimiento es el movimiento mismo. Si no basta con intentar probar prácticamente por ejemplo, como para hablar necesitamos mover la boca o para mover algo de un sitio necesitamos mover las manos… Pero, no se puede pasar de la experiencia humana a Dios, no se pueden comparar las experiencias humanas con la forma de actuar de Dios. Es decir, que el hecho de que nosotros actuemos de un modo no se puede extrapolar con la forma de actuar de Dios. Pues Dios es todopoderoso, y Dios no necesita sino solo querer algo para que esto se cumpla.
La segunda, nos dice que la Causa de los efectos es Dios. Todo tiene su causa ¿no? Y así, cuando nos preguntamos algo y damos respuesta, esa respuesta también tiene su motivo de existencia y así hasta llegar a la Primera Causa no Causada, que es Dios, porque todo lo demás está causado.
La tercera, justifica que un ser necesario es el que dirige lo contingente. Evidentemente, la relatividad de las muertes, nacimientos… presupone algo que lleve todo eso a algún fin Si no este mundo no tendría fundamento, ya que las cosas que suceden están encaminadas a algo, aceptar esto es aceptar que este mundo tiene fundamento, de lo contrario, nos quedamos sumidos en un estado de frustración en el que nada lleva a nada. Es decir que alguien dirige este mundo pues no hay reloj sin relojero. Esto no puede estar a su libre albedrío.
La cuarta, dice que los grados de perfección de este mundo presuponen la existencia de un ser que sea absolutamente perfecto. Claro, evidentemente se le ha criticado directamente que no tiene por qué existir y es comprensible hasta cierto modo. Estos autores lo justifican que si existe tal ser también existiría otro absolutamente imperfecto ¿no? Pues bien, ese desastre no es otro que el demonio que todos llevamos dentro. Es necesario que exista el ser perfecto, al igual que hay gente que es inteligente pero un desastre en los deportes o unas personas guapas y otras que son grandes deportistas. Nadie reúne todos estos carismas. Y ¿de donde proceden estos dones? Pues de Dios. Él es el que los administra de una manera equilibrada y Dios que puede dárnoslos todos los reúne todos. El Maligno por el contrario, reúne los antivalores que degradan constantemente los valores que Dios nos ofrece. Muchas personas creen que la soberbia no es algo realmente malo porque dicen que no hay que achicar nuestras facultades, que si hacen algo bien no tienen por qué comportarse humildemente porque lo que han hecho ha sido obra suya. Pues la respuesta llega desde la trascendencia: lo que somos y lo que tenemos no es nuestro sino que Dios nos lo concedió.
Y la quinta, expresa que el orden finalístico, lo dirige alguien que lo lleva hacia un fin. Como he dicho lo que pasa en este mundo, no pasa porque sí. Todo tiene su sentido, si no creemos esto y sí lo contrario, que el desorden de los sucesos no llevan a nada… entonces este mundo no tendría sentido

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